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Javier Rodríguez: “Me ha marcado mucho ver
las consecuencias de la pobreza”
Javier Rodríguez, antiguo alumno de
Gaztelueta y licenciado en Administración y Dirección
de Empresas por la Universidad de Deusto, estuvo el pasado
verano en Perú trabajando como voluntario en varios
proyectos de cooperación al desarrollo que Zabalketa
tiene en el país andino. Siguiendo los pasos de otros
Antiguos Alumnos (actualmente más de 30), Javier Rodríguez
decidió viajar a Perú antes de incorporarse
en septiembre al IESE de la Universidad de Navarra, en Barcelona.
En mayo pasado dejó su trabajo en Deloytte como auditor
de empresas del sector financiero de su oficina de Bilbao.
La experiencia ha sido mucho más que un mero paréntesis
solidario: ha enseñado a trabajar a cientos de personas
y ha aprendido a vivir de otra manera tras su contacto con
la pobreza.
-¿Por qué decidiste
adelantar tu salida laboral para trabajar en varios proyectos
de Zabalketa en Perú?
Me atrajo mucho la experiencia de Iñigo
Guinea, un amigo que el año pasado, antes de estudiar
en el IESE, decidió colaborar en varios proyectos de
Zabalketa. Me habló tan bien de su labor que me animó
a dar el paso. Tras tener la confirmación de que estaba
aceptado en el IESE, acordé con Jaime Bernar incorporarme
previamente aquí a un programa intensivo de capacitación
específica, y luego durante un tiempo a algún
proyecto de cooperación.
-¿Dónde estuviste?
Estuve desde mayo a julio en tres zonas de
Perú: Lima, la capital, Iquitos y Chiclayo. En esta
última ciudad, en una zona rural llamada Mórrope,
donde tuve que encargarme de la gestión de cuatro granjas
de producción de huevos, que beneficiaban a 160 mujeres.
Mi experiencia como auditor profesional me ayudó mucho
a enseñar la mejora de la gestión, revisar la
producción y detectar los problemas que pudieran impedir
alcanzar los objetivos propuestos. También realizamos
proyecciones a medio plazo y estudiamos las variaciones del
precio de los productos para lograr una mayor rentabilidad
del proyecto.
-¿Y qué hiciste
en Iquitos y Lima?
En Lima colaboré en la evaluación
técnica de varios proyectos de cooperación al
desarrollo de Zabalketa. En Iquitos estuve trabajando diez
días en la mejora de los instrumentos de gestión
de “El Huambrillo”, el albergue infantil que la
ONG de la Asociación de Antiguos Alumnos de Gaztelueta
tiene en esta zona. Además, también revisé
algunas propuestas de proyectos que serán presentadas
a las instituciones de aquí en busca de financiación.
-¿Crees que tu trabajo
ha sido perdurable o, por el contrario, una contribución
más voluntarista que eficaz?
Sí ha sido eficaz porque los objetivos
planteados se han cumplido. Allí, el trabajo era en
grupo y eso hacía que el aprendizaje fuera mutuo; pero,
sobre todo, se logró algo muy importante: que mi ayuda
y presencia no fuera imprescindible. Si te vas y sigues haciendo
falta para solucionar los problemas, eso quiere decir que
no has enseñado nada; y así no es posible la
cooperación al desarrollo. Formar para que cuando tú
no estés, las cosas funcionen bien y salgan adelante.
Esa fue mi labor.
-¿Cuál ha sido
la huella más profunda que te ha dejado tu labor como
cooperante?
Sin duda, sentir las consecuencias de la miseria
en el día a día de miles de personas. Recuerdo
mi estancia en Perú como unos días de mucho
trabajo porque te afanas en ayudar al máximo, descubres
muchos problemas que se pueden mejorar... y ves que tu trabajo
y conocimientos pueden ser eficaces para solucionarlos. Te
implicas mucho y no te importa dedicar tiempo extra. La pobreza
te hace replantearte muchas cosas.
- ¿Cómo cuáles?
Ahora soy mucho más consciente de lo
que cuesta conseguir algo. Aquí nos gastamos dos euros
en cualquier oportunidad. Sin embargo, hay lugares en que
dos euros es el dinero que una familia tiene para comer durante
todo el día. Aquí estamos acostumbrados a ver
la pobreza durante medio minuto por la televisión en
una posición muy cómoda de espectador, pero
no a convivir con ella hasta que te duela el alma. Aquí
vivir y gastar o desperdiciar la vida es muy fácil;
allí sobrevivir cada mañana es duro y te lleva
a plantearte las grandes preguntas vitales. Y creo que eso
te marca definitivamente, te hace más sensible, te
impulsa a ayudar, a adquirir compromisos, a querer ser coherente...
-Se te ve dispuesto a repetir
la experiencia, ¿entregarías el testigo a alguien
para que siguiera tus pasos?
Soy consciente de que mi sitio habitual de
trabajo sea posiblemente aquí y no allí, pero
creo que eso es compatible con querer llevar, estés
donde estés, una vida solidaria y apostar por la justicia
social. Aún así, por supuesto, volvería
de cabeza. Estoy deseando volver y, sobre todo, hacer que
la gente quiera ir. Que sepan que cualquier persona, con una
buena base profesional, y con ganas de compromiso, puede enseñar
mucho y al mismo tiempo aprender de aquella gente que parece
tan lejana, nuevas realidades, otros modos de ver la vida.
Les diría que, si realmente tienen inquietud por las
necesidades que existen en países del Tercer Mundo,
no esperen a que alguien de confianza les pida canalizar esa
ayuda, sino que sean ellos los que de forma activa colaboren
y tengan en este aspecto de la vida un papel protagonista.
Es mucho lo que está por hacer y, por eso, se puede
hacer mucho bien. Desde luego, hago un llamamiento específico
a todos los Antiguos Alumnos para que colaboren más
generosa y estrechamente con ZABALKETA: nuestro trabajo si
está cambiando vidas.
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